Recién te despedí en la esquina,
esperando el beso eterno.
Vi en tus ojos un mar de indecisiones;
flechados por algunos sentimientos
que aún hoy, no tienen rumbo.
Recién te dejé en la esquina
el corazón que arranqué de mi pecho.
No se si lo envolviste
o cayó en el silencio.
Recién saboreé un entrecortado beso tuyo
que afloró un frenesí de violencia dentro mío.
Sin saber si mi locura o la tuya
ganaban la comisura.
Recién creí descubrir
una de las cortas patas de la mentira.
Un acertijo de pocas letras
o el porqué de las manchas ocres de las fotos viejas.
Sólo eso, creí. Porque no descubrí nada.
Recién acaricié tu rostro
y sentí que aún algo estaba vivo.
Que las fieras de Cronos no habían alcanzado
el calor que en nosotros anidaba,
que por lo menos en mí anida.
Recién abracé tus alas
que abiertas y desplegadas parecían emprender vuelo
a quien sabe donde pudiera encontrarte.
Recién te despedí en la esquina,
mientras sonreías temerosa
de asomar la dulce rendición a nuestros besos.
Recién te dejé en la esquina
mis ojos que te miran
acariciando tus pechos y tu figura.
Pasmados de admiración
por el cuerpo que transportas.
Recién saboreé la más dulce de las tardes,
cuando dejaste los invitados al fuego y
la pava a medio entrar,
para despedirme en la esquina.
Recién recordé tu rostro
cuando no había cicatrices que sanar.
Cuando jugábamos al amor y reíamos
entre lenguas y acuarelas,
entre libros y planillas.
Recién encontré tu magia,
acorazada bajo tu pelo.
Casi pude liberarla con mis colmillos
que emputecen con tu cuello.
Recién son doce estrofas,
las que componen la esquina.
Hoy se viste de resina,
para la llama que vuelve con los días.
esperando el beso eterno.
Vi en tus ojos un mar de indecisiones;
flechados por algunos sentimientos
que aún hoy, no tienen rumbo.
Recién te dejé en la esquina
el corazón que arranqué de mi pecho.
No se si lo envolviste
o cayó en el silencio.
Recién saboreé un entrecortado beso tuyo
que afloró un frenesí de violencia dentro mío.
Sin saber si mi locura o la tuya
ganaban la comisura.
Recién creí descubrir
una de las cortas patas de la mentira.
Un acertijo de pocas letras
o el porqué de las manchas ocres de las fotos viejas.
Sólo eso, creí. Porque no descubrí nada.
Recién acaricié tu rostro
y sentí que aún algo estaba vivo.
Que las fieras de Cronos no habían alcanzado
el calor que en nosotros anidaba,
que por lo menos en mí anida.
Recién abracé tus alas
que abiertas y desplegadas parecían emprender vuelo
a quien sabe donde pudiera encontrarte.
Recién te despedí en la esquina,
mientras sonreías temerosa
de asomar la dulce rendición a nuestros besos.
Recién te dejé en la esquina
mis ojos que te miran
acariciando tus pechos y tu figura.
Pasmados de admiración
por el cuerpo que transportas.
Recién saboreé la más dulce de las tardes,
cuando dejaste los invitados al fuego y
la pava a medio entrar,
para despedirme en la esquina.
Recién recordé tu rostro
cuando no había cicatrices que sanar.
Cuando jugábamos al amor y reíamos
entre lenguas y acuarelas,
entre libros y planillas.
Recién encontré tu magia,
acorazada bajo tu pelo.
Casi pude liberarla con mis colmillos
que emputecen con tu cuello.
Recién son doce estrofas,
las que componen la esquina.
Hoy se viste de resina,
para la llama que vuelve con los días.
José Aufe.
1 comentario:
sol de soles
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